viernes, 25 de octubre de 2013

Llueve





Llueve, de manera incesante, continua. Con una contundencia que mide el tiempo de cada gota, de cada golpe que sacude las hojas, que salpica la tierra.


Hace crecer en mi la incertidumbre de un nuevo día, un nuevo despertar hacia mi futuro incierto, como las gotas de lluvia en su caída.
Miro desde mi ventana como el agua se apodera del mundo que me rodea, como empapa y desvanece en su cadencia los últimos atisbos del verano. Y me lleva a la memoria.
Recuerdos del color de la hojarasca en otoño y el olor a tierra mojada se apoderan de mi mente. El sabor de un café tierno, de miradas cargadas y calientes que derriten mi presencia.
De tu cuerpo desnudo sobre la cama, cálido, aterciopelado. De tu respiración lenta, pausada. Mis dedos recorriendo cada centímetro del mapa de tu piel mientras duermes. Pero vuelvo a la realidad y suelto el lastre abismal del pasado. 
En mi cama, sólo los surcos de mi tristeza y noches en vela, pues tú, eres sólo un recuerdo, que duele...
He mitigado ese dolor en noches llenas de rostros anónimos. He surcado con mi pasión por navío otros mares de piel y el amanecer me ha sorprendido en otros brazos, en otros besos, en otros ojos...
Quizás yo sea otro ser, pero hoy llueve...
Llueve, y la lluvia sofoca el recuerdo, purifica el alma y alivia el corazón.



Franky Guillén Redondo, Cristobal Perez e Isaac Ortigosa