jueves, 23 de enero de 2014

Nuevos Propósitos, Viejas Deudas





Ya han pasado unos cuantos días desde que dejamos atrás el 2013. Tiempo suficiente para reflexionar, hacer acto de conciencia y madurar ideas con pausa y sin elementos contaminantes alrededor ni dejarse llevar por la euforia que envuelve el punto que divide lo viejo de lo nuevo. Pensar en aquellas cosas que queremos hacer durante este nuevo año en el que escribiremos un nuevo capítulo en El Libro De Nuestras Vidas

Este año me lo he tomado con calma, al contrario que en todos los anteriores en que decía o pensaba mis propósitos casi de carrerilla. Como si ya estuvieran memorizados pero no consensuados con el tiempo. Tras unos días de `retiro mental´ puedo decir que tengo más o menos claro y casi estructurado que espero de este año, más bien en lo que quiero centrar mis fuerzas para conseguirlo.

El primero de mis propósitos (como leí en cierta imagen), y fundamental, es seguir vivo. A partir de aquí irremediablemente nacen todos los demás. Sin éste nada sería posible.

Personalmente, y este quizá sea una tarea pendiente año tras año, quiero seguir mejorando. No es que quede pendiente por desidia o dejadez. Simplemente es una tarea que para mí nunca termina. Es un proceso de constante crecimiento, de maduración, de seguir aprendiendo en todas las facetas de la vida, de corregir actitudes y aptitudes erróneas. Escuchar más, respetar más, hablar menos si lo que vas a decir no es importante, intentar no `herir´ a nadie con palabras o hechos. Proteger mi familia, cuidar mis amistades y cultivar nuevas. Saborear los momentos y, en definitiva, sentir que algo fluye de dentro a fuera con cada uno de ellos.

Profesionalmente he sido siempre una persona bastante conformista. Desde unos años hacia acá y gracias a la persona que tengo a mi lado, me he vuelto un poco más ambicioso, dentro de lo bueno de esa palabra. Gracias al lugar donde vivo y las opciones que ofrece he encontrado mi auténtica vocación, un poco tarde dirán algunos, pero las cosas importantes no hay que tomárselas a la ligera (yo lo veo así). El mundo de los vinos es tan amplio, variado y mágico (incluso poético) que ha terminado por cautivarme. Así que me he propuesto que en este año tengo que conseguir trabajar dentro de él. Ya os contaré que tal se da. 

Como en alguna ocasión ya he comentado, soy una persona activa dentro del ejercicio físico. Durante más de veintiseis años mi pasión ha estado volcada con el deporte rey. Ahora las metas son otras. Sigo practicando deporte porque me ayuda a despejarme cuando la mente te pide un descanso, cuando necesitas tomar un poco de aire fresco o cuando necesitar descargar aquello que llevas dentro, adrenalina, rabia, ilusión, superación... La meta la tengo en la mente. Trabajaré con constancia en ello pero me la reservo para mi y para mis círculos más estrechos. No pienso que si lo digo y no lo cumplo sea un fracaso pues sólo intentarlo ya será una victoria. Pero si no lo cumplo tendré un nuevo motivo el próximo año.

Prometo, y esto lo digo públicamente y viene marcado en rojo, como una obligación más que un propósito, escribir más y mejor y leer más. Suelo hacerlo. Intento leer todo lo que me llega pero soy muy distraído y se me pasan las horas en muchas tonterías. Tengo marcado un número de libros para este año y viendo los que leí el año pasado supongo que no será difícil superarlo, pues no fueron tantos.

En tanto a la escritura no es que yo me proponga hacerlo más asiduamente sólo que ella fluye de manera natural. Es francamente gratificador ver que cuanto más escribes más lo necesitas. Las palabras emergen sin atropellarse en muchos momentos y esto para los que le dedicamos un tiempo a esta pasión es muy satisfactorio. Seguir aprendiendo en este complejo mundo lleno de diversidades y enriquecimientos es un cometido que, como la mejora y el crecimiento personal, nunca cesa. Siempre puedes volar un poco más alto.

Por último tengo una voluntad pendiente que no pude realizar el año pasado por motivos que escapaban a mí. No volveré a prometerlo porque no me gustaría fallarme a mí mismo en una segunda ocasión con el mismo objetivo. Siempre tendré la oportunidad de llevarlo a cabo un poco más adelante. De lo que estoy seguro es que lo acabaré consiguiendo.

Con los cambios de año nace siempre Nuevos Propósitos, que de no conseguirlos se convierten en Viejas Deudas. Deudas que jamás dejaré de intentar cumplir. 

P.D.     Pienso seguir indignándome por todo aquello que a mi parecer es injusto y quejarme por ello. Si de algo no hay que pecar es de conformistas y siempre luchar, aunque nos estén pisoteando, en busca de la verdad.


Isaac Ortigosa.