miércoles, 20 de noviembre de 2013

Noviembre, Otoño





Cuando el crepúsculo rompe en silencio los días que se acortan, es inevitable percatarse de que el ciclo empieza su cambio. Las noches comienzan a volverse frías, acompañadas por un rocío que cala los huesos y donde las mañanas arrecian bañadas por la escarcha.

Cuando el sol no alcanza a calentar el halo vaporoso que desprende nuestra boca y sin embargo buscamos ansiosos su presencia con el fin de refugiarnos en sus rayos. Agradecido cierra los ojos y le devuelves una sonrisa en señal de gratitud por iluminar nuestros rostros y dejarnos sentir su presencia.

Cuando las nubes disipan gradualmente los vestigios tardíos del verano que viaja a otras latitudes donde anhelan su llegada. Con su manto cubre el cielo azul radiante de los días soleados y las noches estrelladas, premonitorias de las tormentas venideras del incipiente invierno.

Cuando la lluvia aparece temerosa de sus detractores y leal a sus custodios. De manera incesante y continua, con la contundencia que marca el tintineo de cada gota, de cada golpe que sacude las desnudas ramas, que empapa la tierra con la simiente de la vida que brotará en la primavera.

Cuando es tiempo de prender humeantes chimeneas que den lumbre a nuestro hogar. Tiempo de buscar el calor de los abrigos, las mantas y la piel humana. Tiempo de aromas sutiles a tierra mojada, leña y brasas, castaña asada, bayas, chocolate y dalias. 

Cuando la hojarasca que torna su color a tejas, amarillos y naranjas va marcando los senderos que nuestros pasos han de seguir. Se purifican las almas y alivian los corazones. Nos invaden momentos de llantos y alegrías, resistiendo en el recuerdo, el inexorable paso del tiempo. Persisten dulces los encuentros repletos de fuego y amor, de mágica locura, donde los amantes se dan al olvido, un último beso que muere en la despedida...

Cuando es Noviembre, Otoño.