martes, 28 de mayo de 2013

Mi Amigo Más Fielino



*
                                                                     

Hasta hace cinco años yo era de los que pensaba que el refrán "El perro es el mejor amigo del hombre" era una afirmación muy fundada. Hasta hace cinco años.

No digo que ahora no lo piense. El perro es por naturaleza un animal fiel a su amo desde que lo conoce hasta que se separan. Aún si este lo abandona el perro seguiría siendo fiel al hombre cruel que lo dejó en la calle si le diera una segunda oportunidad.
Ahora ese pensamiento es ampliable al mundo de los felinos. Y como va de refranes, "Para muestra un botón".

Hace cinco años apareció por la puerta de casa un pequeño gato color canela. No tenía más de cuatro meses y se había extraviado. Yo nunca había tenido un gato, es más, me provocaban cierto recelo y desconfianza pues oía que podían resultar traidores. Incluso alguno me producía alergia.
Aquel pequeño estuvo llorando en la puerta de casa un par de días y no le dejé entrar. Pocos días después volvió, le abrí la puerta, entró, husmeó por la casa y salió sin más.
Decidí no retenerlo. Ambos desconfiábamos el uno del otro. Lo hablé con mi pareja y le dije que lo había dejado marchar pero que si volvía nos lo quedábamos.
A la semana, y para mi sorpresa, volví a oír sus maullidos en mi puerta. Abrí, entró y se quedó para siempre.

Lo llamamos Duque y desde ese día fue un miembro más de nuestra familia. Entraba y salía siempre que quería de casa. Incluso tenía otros amigos felinos que venían a buscarlo y se iban de "parranda". Pero todas las noches volvía.
Tuvimos que mudarnos porque la casa se quedaba pequeña con la llegada de Pablo y Duque se adaptó de manera sorprendente a la nueva casa. A la nueva casa y la nueva situación. La atención ya no se centraba en él pero supo aceptarlo. Es más se comportaba como un auténtico hermano mayor con el pequeño. Cuidaba de él y lo rondaba varias veces al día como queriendo comprobar que todo iba bien. Si Pablo estaba en el carro el dormía en la parte de abajo y si estaba en la cuna se ponía en sus pies.

Siempre supo detectar cuando uno de nosotros se encontraba enfermo o triste y le hacía compañía. O simplemente venía para que lo acariciaras, te mordía juguetón las mangas o te atacaba a "traición" las piernas como queriendo decir: "Eh!, que hoy no me has dicho nada!"

Ha aguantado tres mudanzas a tres ciudades distintas. Y nunca ha pedido más de lo que le dábamos; su comida, su agua y compañía en las noches de frío invierno. En verano le encantaba callejear!!!
Dicen que los gatos están unidos a sus casas con un elástico. Un extremo atado a la casa y el otro al gato y por más que se estire el elástico, éste siempre les hace volver.

El caso es que Duque siempre volvía a casa. Cada noche durante los últimos cinco años. Hasta hace cinco noches. Ha estado un poco "pachucho" y quizá por eso no ha vuelto. Estoy seguro de que algo le ha pasado porque si no ya habría aparecido.

Dicen que los perros cuando van a morir se alejan de sus amos y se esconden para "irse" de forma tranquila. Quizá mi gato en su inmensa gratitud hacia nosotros y en un gesto que le honra haya pensado que no quería ser un estorbo para nosotros. Quizá ha querido que nos quedemos con su última imagen saliendo con paso firme y decidido de casa hacia su destino y quedarse en su memoria con todo lo vivido. Ahorrarnos el sufrimiento del mal trago.

Los caminos llegan siempre a su fin en un momento determinado pero nunca se está preparado para finales como este. Te queremos mucho y te vamos a echar muchísimo de menos.

Para mi Duque no ha sido un gato cualquiera. Duque ha sido el gato que ha hecho que mi concepto de ellos cambiara por completo. He aprendido una lección de él y le estoy eternamente agradecido. Por eso Duque, mi gato, es un animal irrepetible, uno de los más fieles que he conocido. Mi amigo más fielino.



Isaac Ortigosa (Mamá y Pablo)

*Imagen real de Duque