viernes, 5 de abril de 2013

Se Trata De Estar Vivos





Había un hombre que vivía en el mismo edificio donde viven mis padres, donde yo he vivido durante más de 20 años. Se llamaba Juan "El Jardinero".

Por entonces yo iba al instituto y salía de casa sobre las ocho de la mañana. Bien, acompañado por mi madre que me llevaba en coche algunas veces o bien, solo cuando me iba en moto.
La rutina era la misma todos los días. "Buenos días Juan", buenos días contestaba siempre el con una sonrisa en la boca y su particular brillo de ojos. No había nunca una mala palabra en el o un mal gesto.
Todas las mañanas te lo encontrabas en el ascensor, o en la plaza de abajo de casa, o por el portal, o en la cafetería tomando su descafeinado de sobre. Calculo que por entonces tendría entre 60 y 65 años y como todos los días preparaba su almuerzo en su bolsita y arrancaba su Puch Campeona para ir a trabajar a algún jardín del que sacara un sueldecito. Mañana y tarde. De lunes a sábado.

Un hombre de esa época y como mis abuelos o los vuestros, o incluso como mis padres y los vuestros, es probable que llevara trabajando desde muy temprana edad. Pongamos que llevara trabajando 50 años o más. Toda una vida. Las manos ásperas y duras, pero fuertes. Lleno de vigor, fuerza y vitalidad. Muchos de nosotros la quisieran para ellos mismos. Pero trabajar era su vida, su pasión. Lo había hecho durante tanto tiempo, durante tantos años que no podía, no sabía y no quería vivir de otra forma.

Como a todos le llegó la edad de jubilarse pero aún así el seguía yendo todos los días a algún jardincillo o a ayudar a sus amigos en el vivero. Le gustaba mantenerse entretenido, distraído, pero sobre todo le gustaba sentirse útil.

Así estuvo unos años más pero los achaques de la edad hacen mella en todo el mundo y también ocurrió con nuestro querido amigo.Su visión se vio muy mermada. Hasta tal punto que ya no podía seguir conduciendo su motoreta para ir a trabajar. Ni si quiera pudo seguir yendo a ayudar a sus amigos al vivero.

Su ritmo de vida se paró de golpe. Resignado vio como solo le quedaba seguir el curso de los días como otros muchos ancianos de su edad. Bajar por las tardes a tomar un café con los peluqueros y charlar con ellos un rato. Recibir alguna visita de sus hijos y nietos...

En muy poco tiempo envejeció muchísimo más que en los 15 años anteriores. Hará unos cinco años murió a la edad de 78 (DEP).

Yo tengo 32 años y llevo casi uno sin trabajar. Las esperanzas de que a corto plazo salga algo, lo que sea, cada vez son más remotas. Los ánimos, aunque va por días, van disminuyendo "piano, piano".

Estoy pendiente de cobrar un dinero que me adeudan. De recibirlo tendría para vivir bien durante un par de meses o tres. La verdad, no es una cuestión de dinero, tampoco me sobra. Por suerte, estoy casado con un gran mujer que tiene  un gran puesto de trabajo por el que le pagan bien. Justo lo que merece. Gracias a Dios, no pasamos las calamidades que pasan muchas familias y amigos que están en peor situación que yo.

La verdad, no es una cuestión de dinero.

Se trata de ver como poco a poco te vas "consumiendo". Eres consciente de que cuantos más días pasen sin encontrar un empleo más complicado es. Buscas ofertas, haces llamadas, entregas CV, mandas mails, acudes a entrevistas y nunca hay un SI por respuesta.

Se trata de ver que aun con ganas de hacer algo no puedes hacerlo. Quieres montar un negocio y necesitas mucho dinero, miles de trámites (más dinero) y más tiempo.

Se trata se sentir como miles de jóvenes como yo solo tienen/tenemos la opción de tener que viajar al extranjero para labrarnos una vida y un futuro.

Pero sobre todo se trata de ver que, aun teniendo otros muchos alicientes por los que seguir peleando y luchando, te falta algo.

Me siento como mi vecino Juan se sentía cuando dejo de trabajar. Porque no se si es cierto que el trabajo es salud, pero desde luego dignifica y te sientes valorado.

No se trata de dinero, señores, se trata de sentirte valorados profesionalmente. De sentirse útiles.

Se trata de estar vivos.

                                                                                  A la memoria de Juan "El Jardinero"


Isaac Ortigosa