viernes, 21 de marzo de 2014

La Música, Su Majestad


No concibo mi vida sin la música. No soy músico, ni toco ningún instrumento (aunque lo intenté), ni canto excepto cuando me dejo llevar (lo hago fatal). Pero no concibo mi existencia sin la música. Desde que tengo uso de razón encuentro música. Hasta donde mi memoria y mis recuerdos son capaces de viajar una melodía nace, una letra se recita, una música se siente. No concibo mi mundo sin música.
Recuerdo siendo niño que cantaba "Sabor de amor" paseando en mi bici, debajo del balcón de alguna   chica, allá por 1988. El primer amor va irremediablemente unido a una canción. A noches oyendo ese   tema y pensando en ella. En escribir cartas mientras lo escuchas. Y escribir la letra, rebovinando cintas una y otra vez hasta que te la aprendías de memoria. Llamé incluso una vez a un programa de radio, con un amigo, para dedicarle una canción a nuestras "niñas" y lo grabamos en cassette. Después todos y cada uno de los amores, muchos o pocos, que han pasado por mi vida, y seguro que por la tuya también, llevan una canción que describe aquellas historias.
También para cada momento vivido con las personas de mi entorno, mis amigos, mi familia, incluso los que no son tan amigos... hasta para los malos momentos hay una melodía que te marca. Los viajes, el coche lleno de CD´s que tu "copiloto" iba cambiando cuando no existían los cargadores. Y algún que otro invento "casero" con tal de llevar la banda sonora de nuestras vidas siempre con nosotros.          
Pienso en los niños, en los bebés, incluso estando en la barriga de sus mamá, en mi hijo, y una canción me viene a la mente. Una nana, Noah, tantas veces repetida. Melodía para los oídos. Pienso en las personas, persona importante en mi vida. Cada una de ellas tiene una canción que la identifica y sería capaz casi de recordar y emparejar a cada una de ellas con un cantar.
Los recuerdos, los amargos y los dulces... Suena una canción en la radio, o donde sea, y sin que tu seas consciente tu mente vuela en busca de esos restos de reminiscencia escondidos en lugares cercanos al olvido. Después tu eres libre de sonreír o de sentir nostalgia.
Los momentos: una fiesta, una cena, una charla, una noche inolvidable, unas vacaciones en familia; recordaré de por siempre a mis padres, mi hermano y yo, oyendo en directo en un barecito de Castellón a un maestro de las teclas tocando "Piano Man" a petición popular, un momento único. Mi boda, que sobre todo fue música, desde los preparativos hasta el último baile... Todos los momentos que han marcado mi persona, mi carácter y lo que soy, la que es mentira y lo que es verdad, son y están llenos de música.
Mas sobre todas las cosas la música, en cualquiera de sus formas, es magia, pura magia. Es como aquella persona que te hace sentir sin ponerte un dedo encima. La música educa y es terapia... Sobrepasa fronteras y sana corazones, es medicina contra el odio y el rencor. Es color e ilusión, razas y ritmo. Es escuchar esa canción y que se te erice el bello de la nuca, cerrar los ojos y flotar. Son sentimientos,  es compañía y soledad, es realidad e inexistencia, son miradas y complicidad. Es letra, poesía y melodía, es honestidad y es arte. Es motivación y son sueños. Es tempo y es tiempo, corazón y alma. Mucha magia…
Por eso no concibo mi vida sin música. Igual que no concibo ninguna vida sin música, de ninguna persona, de mayores ni mucho menos de niños.
Como dice el maestro: "Se aferra al tiempo y queda eterna en el corazón. Pasaremos todos y quedará."
La vida es música, el mundo es música, las personas y los recuerdos son música, los momentos son música... Y es que "La música no se toca"... Larga vida a La Música, Su Majestad.
Gracias por la música...

(Recomiendo leer el post con la música del vídeo de fondo)


Isaac Ortigosa.